#TodosSomosResponsablesDeTodos

sábado, 1 de julio de 2017

Columna de Emerson Grajales Usma* /Exdirector y fundador de RESCOLDO COLOMBIA

El ratón cuidando el queso
Por Emerson Grajales Usma*

El primero de noviembre de 2013, el actual presidente de Colombia Juan Manuel Santos, dijo desde Barrancabermeja que “en su gobierno ningún alto funcionario ha sido señalado por actos de corrupción, “no como en otros gobiernos de los que terminó la mitad en la cárcel””.

Con estas palabras se despachó contra los dos gobiernos de Uribe, curiosamente, de los mismos de los que el presidente Santos, hizo parte con desbordado poder. Su apreciación fue hecha en medio de la inauguración del primer Plan Municipal de Superación de la Pobreza Extrema. 

Desde aquella fecha, han transcurrido tres años y siete meses.

Para redactar estas líneas, pedí a los organismos de control como ciudadano natural en uso de mis facultades en derecho de petición; cuales funcionarios del gobierno de Juan Manuel Santos, han sido sancionados o están investigados por actos de corrupción en sus dos cuestionadas gestiones. Me encontré con una lista larga tanto de la Procuraduría como de la Contraloría General de la Nación.

En mi investigación averigüe el por qué no ha salido fallo alguno cuando varias investigaciones están bien avanzadas y existen indicios serios para ser llamados a indagatoria y fallar en derecho, la respuesta fue apenas normal; “estamos hablando de altos funcionarios, muchos de ellos, que son intocables según instrucciones de la presidencia”. Así, difícil de evidenciar si hay o no corrupción en el anterior y actual mandato de Ejecutivo de marras.

Pero cuarenta y tres meses después, los hechos de corrupción y sus actores principales y de reparto, se empezaron a caer por su propio peso, luego    que el presidente Santos, a todo pulmón, abriera sus fauces en cada escenario para “mostrar” que en sus dos gobiernos ha tenido solo funcionarios impolutos. Ya estamos acostumbrados a sus engaños, como lo dijo el mismo presidente a su otrora escudero Pinzón “la lucha por el poder saca lo peor de la condición humana”.

En la última semana de junio, una noticia sorprendió al país, precisamente cuando todavía no pasábamos las mentiras emitidas desde el circo que Santos conjuntamente con la agrupación narcoterrorista de las Farc y con la complicidad y complacencia de la ONU, montaron en Mesetas, Meta; para que el grupo criminal efectuara la “entrega total” de su equipo bélico. Cosa que no fue así, y cuyo tema me da para otra columna inmediata.

El Director (Zar) de anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación, Gustavo Moreno, fue nombrado el 6 de octubre directamente por el fiscal Néstor Humberto Martínez, y pese a ocupar uno de los cargos más importantes del ente acusador, su nombre habría aparecido menos de un mes después asociado a la exigencia de una coima, ya fue capturado por sus subalternos por actos de corrupción dentro de la misma entidad.  Válgame Dios.  

Moreno, quien recibió dadivas en gruesas sumas de dinero como resultado de un cohecho, por US$ 10.000 como anticipo a una exigencia de $500 millones de pesos; se convierte en el alto funcionario del “impecable” gobierno de Juan Manuel Santos, en ser extraditado por el delito de corrupción. Una Corte del Distrito Sur de La Florida lo solicitó por conspiración para lavar activos con fines de soborno extranjero y para su captura en cualquier parte del mundo emitió una circular roja de Interpol.

Caben ahora tres preguntas. ¿Qué opina don Juan Manuel Santos, luego que hoy el país le aplica aquella máxima ya de antaño según la cual “el pez muere por su propia boca”? ¿Para cuándo se producirá la renuncia de quien fue el nominador directo de Gustavo Moreno, en este caso, del Fiscal General Néstor Humberto Martínez? Y una última. ¿Cuándo los entes de control fallarán los expedientes que reposan en el “cementerio” de la impunidad, actitud de la que ya el gobierno Santos, nos tiene acostumbrados?  

Es lamentable pues, que el Fiscal Néstor Humberto Martínez, tardío en su dimisión, hubiera nombrado en un cargo de tanta responsabilidad a una persona sobre la cual existían cuestionamientos serios y sólidos, como quien dice; dejó al ratón cuidando el queso.

*Asesor y Consultor

@Grajalesluise

Columna de Juan Lozano/ en réplica

Una sola voz contra el terrorismo

Por Juan Lozano*

En tiempos de la arremetida salvaje de Pablo Escobar y los extraditables contra la sociedad colombiana, durante la cual explotaron aviones en vuelo, edificios del Gobierno y centros comerciales, el Estado sabía quiénes estaban detrás de esa ofensiva y qué perseguían. “Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos”, repetían tras cada acción terrorista, con el propósito de arrodillar al país.
No sucede lo mismo hoy. En medio de este difícil entorno, con un complejo proceso de paz en implementación, con una mesa en entredicho con el Eln, con un ‘cartel del Golfo’ muy activo, con una destructiva polarización política, con nacientes grupos armados, con un Gobierno profundamente debilitado y con el sol a las espaldas, no es claro quiénes son los responsables del atentado, cruel y cobarde, del centro Andino.
En el momento de escribir esta columna, ni el Eln, ni el ‘clan del Golfo’, ni el MRP, ni las autodefensas gaitanistas, ni las disidencias de las Farc ni banda alguna de los neoextraditables –hoy particularmente nerviosos tras el endurecimiento de Estados Unidos en materia de narcotráfico en la era Trump– se han atribuido la autoría del atentado. En sus declaraciones del domingo al mediodía, el presidente Santos mencionó que se manejan tres hipótesis distintas sobre la autoría criminal, al tiempo que advertía que no las mencionaría para no obstaculizar ni afectar la investigación.
Por eso resulta tan delirante y doloroso lo que empezó a ocurrir tras el estallido en las redes sociales y se trasladó luego a otros escenarios: una proliferación de mensajes brutales de algunos santistas contra Uribe, de algunos opositores contra Santos, de algunos petristas contra Peñalosa, de algunos peñalosistas contra Petro, todos contra todos, algunos de la izquierda contra la derecha, algunos de la derecha contra la izquierda, en fin.
“Por sus trinos los conoceréis” dijo bien Carlos Duque, y agregó: “Explota un petardo mortal en un baño y se revientan las cañerías en las redes”. Cada uno es libre de pensar lo que quiera y de decir lo que quiera. Lo que sorprende es que parte de lo que pretenden los terroristas es precisamente eso. Sembrar el caos y la confusión. Que no solo exploten los baños, sino la sociedad. Que la perplejidad se traduzca en amedrentamiento, pánico y, por ende, miedo y debilidad.
Los únicos ganadores de esa guerra de memes crueles, de fotos improcedentes, de acusaciones irresponsables, de trinos envenenados, de insultos ponzoñosos y de todas las manifestaciones posteriores, incluso fuera de las redes sociales, son los mismos terroristas, que logran evitar un consenso integral, contundente y definitivo contra sus métodos en todos los estamentos de la sociedad, de manera que en vez de estar todos unidos rechazando el terrorismo, estén convirtiendo en cuadrilátero de mezquindades las muertes dolorosas de Ana María Gutiérrez, Leidy Paola Jaimes y la francesa Julie Huynh, quien prestaba un generoso servicio social en nuestro país.
Si la sociedad no está monolíticamente unida para rechazar, enfrentar, combatir, prevenir y derrotar el terrorismo, este, venga de donde venga, se abre camino. Nada lo justifica. Nada lo atenúa. Nada lo hace tolerable. No importa quién ponga la bomba para que se deba proceder a rechazarlo con firmeza desde todas las toldas y a exigir su identificación y captura inmediatas.
No hay terroristas buenos. No hay terrorismo altruista. No hay terrorismo justificable. Y mucho menos cuando actúan con la cobardía, premeditación y precisión que quedaron en evidencia luego de dejar el artefacto explosivo en un baño de mujeres, usualmente, además, frecuentado por pequeños niños con sus mamás e incluso por bebés a los que sus madres amorosas cambian el pañal.
*Exministro

martes, 30 de mayo de 2017

!Patos al agua! Columna de Emerson Grajales Usma / Fundador y primer director de RESCOLDO


¡Patos al agua!
Por Emerson Grajales Usma*
Todas las candidaturas, sin excepción alguna, deben estar colmadas de plenas garantías en todos los escenarios, incluyendo el de sus propios partidos.
Pero en este caso, me voy a referir únicamente a los aspirantes de mi partido, los del Centro Democrático- CD.
Cuatro aspirantes, cada uno con igual condición de orientar los destinos de Colombia; cada uno con igual condición de tener amplios conocimientos en los espinosos temas internacionales y cada uno con un cumulo de pergaminos que les permite llegar al Solio de Bolívar.
No puedo referirme a la hoja de vida de nuestros ponderados por el espacio reducido del que disponemos, pero si quiero dejar entrever, mínimamente, sus cualidades.
La de Rafael Nieto Loaiza, un juicioso jurista que se desempeñó con lujo de detalles como viceministro de Justicia; es una candidatura que ha logrado acaparar la atención del pueblo colombiano, basada en sus amplios conocimientos sobre lo que puede pasar con la JEP (Jurisdicción Especial de Paz)
La de Carolina Guerra, viene de ser ministra del gobierno de Álvaro Uribe Vélez; destacada economista y actual senadora de la República por el partido CD. Es una candidata que representa con toda dignidad y decoro, la mujer colombiana-
La del también senador Iván Duque; un avezado economista que se ha convertido en fuente de consulta de los ministros de Hacienda de turno. Su candidatura se ha fortalecido desde que el congreso de Colombia lo señaló como el mejor senador del 2016, esto sin contar con su acumulada capacidad intelectual.
Y, la de Carlos Holmes Trujillo; es, sin duda alguna, la candidatura que más simpatía ha despertado de entre los colombianos. Todos, con muy escasas excepciones, lo señalan de ser el aspirante por el CD, que más convoca y el que menos odios despierta por su pausada manera de referirse a temas tan dificultosos como el proceso de paz del gobierno Santos con la agrupación narcoterrorista de las Farc, sin caer en el campo de simpatizante con el odioso proceso. No obstante, sus cargos de alta responsabilidad, le han permitido demostrar y ratificar su constante posición incluyente. Es más un conciliador.
Pero los casos de los precandidatos Rafael Nieto y Carlos Holmes Trujillo, son los más preocupantes. Pues estas dos precandidaturas, no han podido encontrar el apoyo adecuado a sus aspiraciones por parte de los medios de comunicación; caso contrario lo que si sucede con los senadores Carolina Guerra e Iván Duque. Pero es apenas entendible; estos dos últimos aún cuentan con sus curules lo que les permite tanto ser noticia como contar con el apoyo de los medios de comunicación, incluyendo el privado canal del Congreso.
Esta, a los ojos de cualquier desprevenido, es una posición muy cómoda para los destacados y respetados congresistas pero muy embarazosa para los aspirantes que buscan el fervor popular desde el pavimento.
He lamentado no poder haber asistido a la segunda convención del Partido Centro Democrático por mis repentinos y copiosos quebrantos  de salud, pero si me hubiera gustado haber participado para reclamar el por qué, los congresistas hoy aspirantes, no han renunciado a sus curules, para que se les dé plena garantía a sus similares aspirantes.
¡Patos al agua!
*Asesor y consultor

@Grajalesluise

lunes, 20 de junio de 2016

#Opinión "El mensajero del crimen" Por Emerson Grajales Usma*

El mensajero del crimen
Por Emerson Grajales Usma
La sistemática actitud de estar mintiendo, ha convertido al presidente Juan Manuel Santos, en un mitómano de tiempo completo pero con más consecuencias, con más ramificaciones que las esperadas.
Lo ocurrido recientemente en el Foro Económico Mundial que se cumplió en la ciudad de Medellín, fue la tapa y si se quiere, el destape, de lo que en realidad está ocurriendo en La Habana. Allí, lo que se está dando es una calcada torre de babel. Los simulados negociadores del gobierno, envían mensajes equívocos o encontrados con las manifestaciones de sus similares de las Farc.
Dijo el presidente Santos, y no ante cualquier audiencia; fue nada menos que ante una multitud de empresarios, inversionistas y economistas del mundo de elevados quilates; como igualmente de importantes expresidentes de naciones ibéricas y de este continente; que: “si el plebiscito se niega, volvemos a la guerra”, con el argumento de que tiene “información amplísima” sobre los planes de las Farc “para la guerra urbana, que es mucho más demoledora que la guerra rural”. ¡Háganme el favor!
Lo anterior dicho por el disipado mandatario Santos, demuestra su afán de tirar cortinas de humo para efectivamente tapar un proceso que cada día camina como el alacrán. Ni los terroristas de las Farc, ni el mismo gobierno colombiano, han podido coincidir en el momento de dar declaraciones a la prensa bien sea a la mermelada, que es la gran mayoría en Colombia, o de manifestaciones en público como ya sucedió en un escenario con asistencia internacional.
Y fue un punto bien negativo que sí lógicamente no lo fue para el presidente Santos, sí lo fue para el país y su futuro económico. Esas inoportunas declaraciones lanzadas por el mismo presidente en el lugar equivocado. En un Foro que anualmente organiza en diferentes países el Banco Interamericano de Desarrollo –BID.
Pero como lo dije iniciando esta columna. Santos es un patrañero que miente de manera sistemática y partiendo de esa indelicada practica que debiera estar alejada de él por su investidura como gobernante; lo pudo hacer para amedrentar al pueblo colombiano y de paso para encarar a Uribe y al uribismo. Únicos opositores políticos de su gestión y del proceso con las Farc.
No necesitamos desgastarnos para concluir que los “potenciales” inversionistas extranjeros que se encontraban en el auditorio, fueron ahuyentados por el mismo jefe de Estado ante una declaración de guerra y dada a conocer por él, posando de  mensajero del crimen; nada menos, que amenazas “anunciadas” por el segundo grupo narcotraficante y terrorista como lo es las Farc.
Yo diría en frio, que más allá de haber querido el presidente Juan Manuel Santos, enseñar los dientes de los terroristas de las Farc con una invención muy propia de él; lo que hizo fue un daño enorme a la economía del país a futuro e inmediato plazo que se verá evidenciada en el cese de la producción industrial con énfasis en las multinacionales. La inversión que posiblemente estaba en mente de los empresarios que confluyeron al destacado Foro del BID, muy seguramente quedará truncada lo que afectará notoriamente el PIB.
Amanecerá y veremos, pero esperemos que no sean palabras que en algún momento dijo un ciego.
*Asesor y consultor

@Grajalesluise

domingo, 29 de mayo de 2016

#Opinión "Liberados, pero la prensa sigue "secuestrada"" Por Emerson Grajales Usma / ExDirector RESCOLDOCOL

Liberados, pero la prensa sigue “secuestrada”

Por Emerson Grajales Usma*

La felicidad que produjo la liberación de los periodistas Salud Hernández-Mora, Diego D”Pablos y Carlos Melo, que permanecían en el reprochable poder de la agrupación narco criminal del Ejército de Liberación Nacional-ELN- es indescriptible.

El país, y el mundo, se mantuvieron acoplados a los informes noticiosos  sobre la suerte de los reporteros que estaban en manos del grupo ELN desde el pasado sábado 21 de mayo, como el caso inicial de la periodista española Hernández-Mora. O de los comunicadores D”Pablos y Melo, dos días después por el mismo grupo violento.

Pero más allá de esa placidez natural por la liberación de nuestros colegas, queda planteado un debate como es el de las dificultades para ejercer la actividad periodística en Colombia, especialmente.

Aquí, tenemos que darnos la pela los mismos comunicadores, pero en especial aquellos que tienen responsabilidad como directiva. Para nadie es un secreto que todos los actores de este país, buenos, regulares o malos; han permeado los medios de comunicación sin que los escrúpulos se impongan sobre los intereses particulares. Solo basta con devolvernos al año 2013 cuando los medios de comunicación tomaron partido, literalmente hablando; para las elecciones presidenciales y se volvieron gobiernistas. Unos “regresaron a la libertad” otros siguen “secuestrados”. Esta práctica desde todos los estamentos del gobierno, es igual o peor de criminal que la proveniente de los mismos grupos al margen de la ley.

No hay autoridad moral alguna desde el gobierno nacional, para que les reclame a los actores armados respeto por los periodistas y exigirles que se les permita el libre tránsito para ejercer su profesión, cuando el mal ejemplo dado desde allí, se quedó indeleble.
Con lo anterior, quiero evidenciar la delicada situación que vive hoy la prensa pero el escenario ha sido propicio, repito, por los mismos comunicadores sociales y los empresarios de las telecomunicaciones. Las organizaciones defensoras de los periodistas, algunas de ellas libres de cualquier influencia política o clandestina, han velado porque la libre expresión se imponga como respuesta a los principios y la ética del reportero.
También existen empresas radiales o casas editoriales o medios televisivos, que se han convertido en proxenetas para que los periodistas de manera “vagabunda” se expongan al mejor postor sesgando de tal manera la información que al espectador le llegue una versión totalmente distorsionada.

Y ni hablar de aquellos que han creado un medio informativo ligero, para “extorsionar” al Estado, a los actores políticos o para servir de altoparlante a los grupos armados bien sean terroristas o criminales. O como me decía un amigo colega a través de twitter: “¿Y qué hacer o decir de los protagonistas mediáticos que “dan papaya” para configurarse como víctimas?”

Urge pues, hacer una reflexión que ahonde en el problema para depurar estas cargantes prácticas que han enlodado la noble actividad del periodista.
La liberación de los tres comunicadores por parte del ELN, es un aporte inmenso a la libertad de prensa, pero no es del todo un alivio para que esta profesión esté totalmente en la independencia si los gobernantes siguen enviando “sobres” que directamente conlleve al “secuestro” de lo que debiera ser una información libre y oportuna.
*Asesor y consultor

@Grajalesluise

martes, 24 de mayo de 2016

#Opinión La libertad de prensa en vía de extinción..... Por Emerson Grajales Usma Columnista RESCOLDO

La libertad de prensa en vía de extinción ante un gobierno silente y complaciente

Por Emerson Grajales Usma*

Al momento de escribir estas líneas, (martes 24 de mayo) no se tiene conocimiento aún del paradero de los periodistas Salud Hernández-Mora, Diego D*Pablos y Carlos Melo; como tampoco sabemos concretamente quien los tienen, pero según análisis de especializados sabuesos y de informes de los habitantes de la región, todo indica que fueron muy seguramente plagiados por grupos criminales en jurisdicción del municipio de El Tarra en Norte de Santander, especialmente por el ELN.
Muchos, y con sobrada razón, han manifestado que fue un acto de irresponsabilidad de la periodista Hernández Mora, al “meterse a la boca del lobo” toda vez que en esa zona operan varios grupos terroristas y criminales. Pero ella, digo yo, muy seguramente guiada por la razón, según la cual el gobierno ya inició diálogos con las dos agrupaciones antiguas de Colombia como las Farc y el ELN, consideró que podría internarse unos cuantos kilómetros más allá de El Tarra y adelantar su trabajo de periodismo investigativo.
Pero mi otra tesis, muy seguramente es la trascendida tanto por otros de mis similares, como por la opinión pública en general. El presidente Juan Manuel Santos, ha manifestado copiosamente que en Colombia no hay regiones vedadas ni para la fuerza pública, ni para los ciudadanos, ni profesionales; y menos para periodistas. Con base en este engaño, es que cualquiera que sea el ciudadano que quiera llegar a corregimientos cercanos a un municipio o como en este caso, a El Tarra, lo haría ante los “positivos” anuncios del gobierno.
Lo que sí es muy claro, es que en Colombia especialmente, está haciendo carrera el absurdo silenciamiento a la prensa desde diferentes actores, incluyendo el de los políticos como se ha visto con mayor énfasis desde hace algo más de dos años amén de las maniobras desde el ejecutivo, pasando por el legislativo hasta llegar al mismo poder judicial. Recordemos la campaña presidencial de 2014. Los contratos de congresistas directos a periodistas de Bogotá. Los jugosos contratos de la Fiscalía a la periodista Natalia Springer. Y así, sucesivamente.
En lo personal, he sido víctima de un secuestro, dos atentados, en uno de ellos perdió la vida mi hermano el mayor de todos los tres que sobrevivimos a aquel criminal ataque con una granada de fragmentación en la ciudad de Pereira; y varias amenazas telefónicas que aún persisten, actos ligados a mi actividad como periodista. Conozco de primera mano la violencia que busca amordazar la opinión y la prensa a costa de que no se conozca la verdad. La violación a la libertad de expresión en Colombia, no sólo se ha asumido a través de las armas convencionales; también cuando el gobernante de turno llama al empresario del medio para que separe de su cargo al periodista que ha querido evidenciar lo indebido. Así estamos en Colombia, así vivimos el día a día.
No puede ser tan contraproducente que ahora el gobierno colombiano a través de su presidente  Juan Manuel Santos, de un solo plumazo, venga a descalificar un secuestro, diciendo que es una retención, desconociendo la dimensión para hacerle de paso, un mandado al terrorismo rampante que tienen dominado cerca de diez mil kilómetros cuadrados que compone el Catatumbo, área que quedó evidenciada como de pleno dominio de grupos terroristas y criminales.
Como periodista, le exijo al gobierno Santos, que medie ante sus nuevos mejores amigos para que liberen, no sólo a los tres periodistas Salud Hernández Mora; Diego D¨Pablos y su camarógrafo Carlos Melo; sino también a todos los secuestrados.
La libertad de prensa en Colombia, se encuentra en vía de extinción y lo peor, ante un gobierno silente y complaciente que emula a sus similares de la región.
*Asesor y consultor

@Grajalesluise

lunes, 23 de mayo de 2016

#Opinión "La toma del poder de Santos en nombre de la paz" Por Mary Anastasia O*Grady / En replica

La toma de poder de Santos en nombre de la paz
Por MARY ANASTASIA O’GRADY
Hugo Chávez destruyó el pluralismo político en Venezuela al concentrar el poder en el ejecutivo. Ahora, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, desea emular al hombre fuerte bolivariano y le está pidiendo al Congreso facultades para gobernar por decreto durante seis meses y un cheque en blanco para enmendar la Constitución en formas que aún no ha detallado. Puesto que el Partido Liberal, al que pertenece el mandatario, controla el Congreso, se cree que lo conseguirá.
Santos quiere este poder autoritario para cambiar unilateralmente la Constitución e incluir los términos de un acuerdo de “paz” que ha estado negociando secretamente con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por casi cinco años. Inicialmente, prometió un referendo sobre el acuerdo final para que los colombianos pudieran votar punto por punto sobre sus detalles, tales como si los delincuentes de la guerrilla podrían postularse a cargos de elección popular. Pero hace mucho tiempo se retractó de esa promesa, así como de muchas otras.
Santos ahora propone una simple votación de sí o no sobre el producto final, que aún no está listo. Su gobierno ha puesto miles de millones de pesos de los contribuyentes (millones de dólares) en una campaña publicitaria para convencer al electorado de que votar “no” equivale a votar por la guerra.
Santos también consiguió que el Congreso aceptara reducir el mandato constitucional mínimo de votantes para su plebiscito de la mitad más 1 del electorado a 13%. La semana pasada, el Partido Liberal propuso que se le permitiera a los colombianos desde los 14 años de edad realizar un voto simbólico sobre el plebiscito. Si la votación es estrecha, se puede suponer que Santos usará las opiniones de niños que apenas empiezan la secundaria para comprobar la sabiduría de su acuerdo.
Según una encuesta de Gallup realizada durante la última semana de abril, la tasa de aprobación del presidente es de apenas 21%. Una razón de este malestar es que su obsesión con un pacto con las FARC lo ha hecho descuidar la economía y la seguridad pública, pero 66% de los entrevistados también dijo que su proceso de paz va en la dirección equivocada.
La mayoría de los colombianos quiere la paz, pero pocos creen que los perpetradores de crímenes de guerra deban eludir la cárcel, quedarse con sus armas y las ganancias derivadas del narcotráfico y luego postularse a un cargo público. Santos, que en algún momento dijo que tales exigencias de las FARC no eran negociables, ahora asegura que no dejará que sean puntos que estropeen la aprobación de los acuerdos.
No son los únicos ejemplos de la duplicidad presidencial. Desde el principio parece que Santos engañó al público porque sus intereses no coincidían con los suyos.
En agosto de 2012, cuando se supo de que su gobierno había sostenido negociaciones con las FARC durante más de un año, contacté al presidente para solicitar más información. En una entrevista telefónica en septiembre de ese año, me indicó que los rebeldes habían iniciado el proceso y que él había comenzado a negociar sólo porque, pese a estar disminuidos, continuaban sembrando el terror. Eso lo consigné en una columna del 17 de septiembre de 2012.
La explicación que me dio el presidente contradice la de su hermano mayor en su libro de 2014, “Así empezó todo”. Enrique Santos, quien tuvo un papel protagónico en la organización del diálogo con las FARC en La Habana, señala que fue claro desde el día de su posesión que Juan Manuel buscaba “una agenda política y social diferente” a la de su predecesor Álvaro Uribe. Esto incluía la “búsqueda” de un acuerdo negociado con las FARC.
Según el testimonio de Enrique Santos, el presidente lo convirtió en “su delegado personal” y emisario debido a que él es un “viejo periodista de izquierda que había simpatizado, incluso con la lucha armada y conocía personalmente” a numerosos líderes de las FARC.
Tenía que ser una misión ultra secreta debido a que el público no quería saber de negociaciones con “grupos terroristas que considera acorralados y casi liquidados”, escribió Enrique. Lo que no dice es que el presidente, que había sido ministro de Defensa de Uribe y forjó la reputación de ser de línea dura, seguro entendió la importancia de esconder las huellas de su hermano izquierdista.
En su relato, Enrique rechaza la estrategia militar que Uribe utilizó para pacificar al país y ni siquiera está seguro si la democracia es una buena idea: “Una total victoria militar no es factible y quizás ni deseable”.
Según la versión de Enrique Santos, una vez que los subversivos aceptaron negociar en Cuba, el gobierno de Juan Manuel Santos las transportó sigilosamente a la isla. Esto ocurría “en medio de una reactivación de ataques guerrilleros en distintas zonas del país y de un hostil y polarizado clima de opinión”.
Todo era altamente clasificado, ocultado al público “so pena de socavar la credibilidad política de un presidente, que cada tercer día reiteraba que no habría dialogo alguno con las FARC hasta que no den muestras de su voluntad para dejar las armas”.

En otras palabras, el presidente Santos planeó y mintió en tiempo real a los colombianos mientras iniciaba las negociaciones con las FARC con la intención de expandir su legado. Ahora está adquiriendo más poder para incluir su negociado acuerdo secreto en la Constitución. Eso difícilmente es una receta para la paz.

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