#TodosSomosResponsablesDeTodos

sábado, 2 de noviembre de 2019

"El modelo está fracasando y requiere correctivos urgentes"


Urnas Calientes
Por Juan Lozano


Más allá de lo ocurrido en Bogotá, Cali y Medellín, que copan casi todo el espectro mediático nacional y dejan ver interesantes procesos deliberativos, campañas con propuestas estudiadas, candidatos de mucho peso y participación ciudadana ilustrada, lo que ocurrió en el resto del país, con excepciones notables, debe prender todas las alarmas cívicas, políticas, de seguridad, de control fiscal y éticas del país.

El retroceso democrático es escalofriante. La corrupción se incuba en las campañas, y se profundizó por la crisis de los partidos, la anarquía de coavales, la disputa a sangre y fuego de territorios y elecciones locales por grupos criminales, la violencia electoral, la indebida manipulación de muchas candidaturas por firmas, la resurrección de clanes y estructuras corruptas, los costos desbordados de las campañas, la trashumancia desenfrenada, la intervención desvergonzada de centenares de alcaldes y gobernadores para impulsar a sus sucesores y la ausencia de reportes financieros de los candidatos a las autoridades, entre otros factores.

El Gobierno Nacional de buena fe hizo lo que pudo. Impulsó la pedagogía electoral, estimuló las plataformas y los grupos de control y denuncia, lideró la acción de la Fuerza Pública para garantizar una jornada pacífica. La ministra del Interior y el Presidente de la república brindaron todas las garantías democráticas que estaban a su alcance y demostraron equilibrio político, alejados de cualquier favorecimiento partidista. El Gobierno, a diferencia de lo que ocurre en Venezuela o Nicaragua o Bolivia, no fue el problema. El problema es el sistema político.

El sistema político está podrido. El modelo está fracasando y requiere correctivos urgentes. La elección popular de alcaldes y gobernadores se ha venido deteriorando progresivamente hasta convertir la política en una herramienta criminal y el Estado en un botín en muchísimos municipios de Colombia.

Los centenares de miles de millones de pesos que invirtieron los políticos corruptos en esta campaña para hacerse con el poder territorial serán sustraídos en los próximos cuatro años de las arcas públicas. Las campañas multimillonarias de los bandidos saqueadores de nuestros presupuestos no las pagan ellos. No. Las terminamos pagando nosotros. Lo que ellos giran en sus jornadas proselitistas es un anticipo de lo que luego se roban.

Papel destacado, tratando de contener esta avalancha de delitos, irregularidades e infamias, cumplió el procurador Carrillo. Las cifras son escalofriantes. Solicitó 705 revocatorias de inscripciones, montó un puesto de mando unificado para contener amenazas contra 148 candidatos, tramitó 885 quejas por diversas causas, como participación de servidores públicos en política, trashumancia electoral, constreñimiento al elector o actos de corrupción.

El Procurador abrió 42 actuaciones preventivas, 19 indagaciones preliminares y suspendió a 12 servidores públicos por participación en política. Tiene abiertos 1.175 procesos disciplinarios a 503 candidatos. Y puso en evidencia que el 24,6 por ciento del país, es decir, 274 municipios, presenta un alto riesgo de trashumancia electoral, alcanzando el sorprendente umbral de 795.262 posibles trashumantes. El Procurador también hizo lo que pudo. Pero, insisto, el problema es el sistema.

Comparados con algunos de nuestros vecinos, debemos celebrar que haya elecciones, y comparados con nuestro pasado, debemos celebrar la caída en picada de acciones armadas contra el proceso electoral. Comparados con la economía global, debemos celebrar nuestras mejores proyecciones. Todo eso es cierto, y por eso, en Colombia hay esperanza frente a la construcción de un mejor futuro.

Sin embargo, para consolidarlo, una condición indispensable es una reforma política y electoral profunda que recupere la política como instrumento virtuoso para construir un mejor país.  

*Tomada de El Tiempo

sábado, 26 de octubre de 2019

"Hoy, debe ser el día que vamos a limpiar la política en las regiones a lo largo y ancho del país"


La jornada de hoy

Por Emerson Grajales Usma*


El de hoy, será un ejercicio que pese a los actos criminales que lo han antecedido, debe ser democrático en todo el país.

Una jornada anticipada por derrames de sangre tras asesinatos de candidatos a las corporaciones públicas; de secuestros de aspirantes a alcaldías y concejos; y de homicidios a los líderes comunitarios o sociales.

Sin lugar a dudas, hoy tendremos la oportunidad de volver a ver, las filas interminables en muchos escenarios de votación y todo por una razón: Las corporaciones públicas son las más votadas por aquello del contacto directo e inmediato entre el constituyente primario local y el aspirante a llegar por primera vez, o ser reelegido.

El gobierno nacional ha dispuesto de grupos especiales de las Fuerzas Armadas (Militares, policía y el CTI) para todo el país, pero con exclusivo énfasis en regiones donde aún existe o han regresado grupos armados al margen de la ley, con el fin de garantizar el buen desarrollo de la jornada electoral. Igualmente, en muchas zonas apartadas donde la violencia ha cobrado víctimas por recobrar el control tanto para tráfico de estupefacientes, como de explotación ilegal de minería.

El triste ejemplo de la violencia que tiene sitiada esta fecha, es el municipio de Suárez en el Cauca. Allí, fue asesinada una candidata a la Alcaldía y también un aspirante al Concejo.

Igualmente los entes de control, han hecho efectiva varias sanciones a funcionarios públicos por diferentes casos como participación abierta en política y por constreñimiento al electorado para votar por sus candidatos de “bolsillo”.

La de hoy, debe ser una fecha donde todos los colombianos, como una fiesta, asistamos a las urnas para escoger a los mejores, a quienes no han sido llamados por los entes de control y o judiciales.

El pueblo no puede elegir a los mismos de siempre, a quienes han permeado el erario del municipio, del departamento o de la nación para robustecer sus propias arcas o la de terceros.

Menos podemos caer en apoyar a quienes por conveniencia propia, han impuesto sus candidatos. Ya ha sido costumbre que los alcaldes o gobernadores, busquen a sus herederos para que se tape la olla podrida que “dejan” en su nefasta gestión.

Hoy, debe ser el día que vamos a limpiar la política en la región a lo largo y ancho del país.

Especialmente, invito a votar por las listas del Centro Democrático que nuestro partido avaló en todo el país; con excepción del departamento de Risaralda, donde los Congresistas del movimiento impusieron el candidato a la gobernación y alcaldía de Pereira, con un fuerte tufillo que no ha permitido ver el trasfondo de tamaña coacción.

En el caso del candidato a la gobernación de Risaralda por el Centro Democrático, para nadie es desconocido, ni para el mismo expresidente Álvaro Uribe Vélez, que Eduardo Cardona, se dedicó a despotricar del entonces mandatario Uribe a través de sus columnas en medios regionales y nacionales, con palabras desobligantes que sólo las tapan quienes tienen oscuros intereses en esta candidatura. Y eso que dicen ser “uribistas de pura estirpe”.

Igual sucedió con la candidata a la Alcaldía. Otra imposición que les permitió desconocer a los congresistas Corrales y Vallejo; las raíces políticas del ideario de Uribe, en cabeza del entonces Concejal por el Centro Democrático César Gómez, quien aspiraba a la Alcaldía de la Capital de Risaralda.

Esta noche los resultados nos darán la razón.

*Asesor y consultor
@Grajalesluise

viernes, 18 de octubre de 2019

"Hoy, todo el mundo mira con admiración la magnitud de las grandes obras de ingeniería en China, y la rapidez con la que se construyen"


El metro no será una seda

Por Mauricio Cárdenas Santamaría*

Desde que tengo uso de razón, el túnel de La Línea y el metro de Bogotá han sido los casos emblemáticos de lo que funciona mal en el Estado colombiano. O, mejor dicho, de lo que no funciona.
Pero todo parece indicar que estos dos proyectos por fin dejarán de ser parte de nuestro inventario de frustraciones colectivas.

Pese a todos sus atrasos y sobrecostos, según el director del Invías, el túnel de La Línea será inaugurado a comienzos de 2021. Se pondrá muy contento en el más allá el exsenador Víctor Renán Barco, quien solía recordar con cierta ironía que en los años cuarenta, cuando llegó por primera vez a Bogotá, el conductor –al pasar por el alto de La Línea– le dijo: “Joven, aquí van a hacer un túnel”. Muchos años después, con numerosos documentos Conpes a cuestas y aún más contratistas fallidos, el túnel finalmente será una realidad.

En el caso del metro, también hay motivos para celebrar.

La adjudicación del contrato esta semana a un consorcio de empresas chinas es un hito en la historia de un proyecto lleno de vicisitudes. Como lo señaló Guillermo Perry en una de sus últimas columnas, los defensores del metro subterráneo lo trataron de convertir en un ícono de una sociedad incluyente y progresista, en contraste con el metro elevado –a su juicio, excluyente y retardatario–, como si las obras de ingeniería tuvieran ideología, cuando lo que tienen son costos y riesgos, campos en los que los estudios técnicos concluyeron que era mejor no excavar en los complejos suelos de la capital.

La oposición a la obra elevada también trató de argumentar que el cheque del Gobierno Nacional había resultado “chimbo”, cuando la verdad es que sin esos recursos, la ciudad no habría podido abrir la licitación, y mucho menos adjudicarla. Otra cosa es que la Nación haya decidido, por sugerencia del alcalde Peñalosa, evaluar todas las opciones para el uso de esos recursos. Los estudios concluyeron que la mejor opción era el metro elevado, conjugado con nuevas troncales de TransMilenio. Ojalá se anuncie pronto quiénes van a construir las troncales de las avenidas 68 y Ciudad de Cali, que se harán con el mismo cheque girado por el Gobierno.

Pero también es pertinente señalar algunas preocupaciones.

Hoy, todo el mundo mira con admiración la magnitud de las grandes obras de ingeniería en China, y la rapidez con la que se construyen. Pero esa admiración no necesariamente se extiende a las obras que hacen las empresas chinas por fuera de su país.

En nuestro caso, no sobra recordar los problemas que ha tenido Gecelca –una empresa de propiedad del Gobierno Nacional– con el contratista chino responsable de la construcción de una termoeléctrica en Puerto Libertador, Córdoba. El proveedor instaló un generador que no funcionó adecuadamente e incumplió el cronograma, lo que dio pie a un largo pleito. Además, chocó con la comunidad, que esperaba oportunidades laborales. Esto no se puede repetir.

China y Colombia han sido dos países distantes en todo sentido. Por eso, no podemos esperar que la relación diplomática será la garante de que las cosas se hagan bien. Necesitamos otros actores, como el BID y el Banco Mundial, que están involucrados a fondo con el proyecto, pero que deberán jugar un papel aún más activo para asegurar que todo salga bien. No tenemos el músculo suficiente para que el día que aparezca un problema lo podamos resolver satisfactoriamente.

Todo esto ocurre cuando se anuncia que la economía china está creciendo ‘apenas’ 6 por ciento, su menor tasa de los últimos treinta años. Ojalá esto no dé pie para que el consorcio a cargo del metro tome atajos y trate de mejorar sus estados financieros a expensas nuestras.

Pero no todas las perspectivas son desalentadoras. El Gobierno chino también debe tener en sus cuentas que, así como le ha ido mal en Venezuela y Ecuador –dos países en los que está expuesto en exceso–, las cosas pueden salir mucho mejor en Colombia. Un buen primer paso es construir un metro que sea motivo de admiración para todos los bogotanos. Si aquí hacen bien las cosas, quedaría en evidencia que la tan publicitada Ruta de la Seda sí pasa por Colombia, para beneficio de ambas naciones.

*Exministro de Estado

domingo, 6 de octubre de 2019

"Uribe acudirá al llamado de la Corte, consabido que por lo que se le acusa, fue un revés que él mismo “orquestó” al solicitarle a ese mismo tribunal que se investigara al senador Iván Cepeda Castro"


¡Juzgar en derecho, no en lo político!

Por Emerson Grajales Usma*


La Corte Suprema de Justicia, ha llamado a indagatoria al expresidente Álvaro Uribe Vélez, para este martes 8 de octubre. Una convocatoria en medio de unas confusas actitudes de los togados contra el hoy senador y de paso, no olvidemos que es la primera vez en la historia de Colombia, que esa rama judicial llama a un exmandatario.

No sucedió ni cuando se logró comprobar el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña de Ernesto Samper Pizano.

Aquí lo que está en juego, es la libertad del líder político colombiano. Un ser humano, al que la justicia conjuntamente con fuerzas oscuras, ven como un “trofeo” siempre y cuando lo tengan tras las rejas.

De sobra, se ha hecho un recuento en audios, videos y escritos; de todo lo que Uribe ha logrado para el país desde su llegada a la presidencia en el año 2002.

Su trabajo por Colombia, que no ha cesado aún hoy desde el Legislativo, es muestra fehaciente de su amor por esta Patria.

Son muchos los que han buscado infructuosamente, llegar al poder para mancillar el buen nombre del exgobernador de Antioquia, y hasta llevarlo tras las rejas. Esa impotencia despierta espesa dentera y entonces han buscado aliados para que desde la justicia se minimicen las grandes tareas del ex Jefe de Estado Álvaro Uribe y de paso, frenar su incansable trabajo por hacer del nuestro, un país viable, vivible y solido económicamente.

Uribe, no solo logró que fuera elegido en el 2002. También fue reelegido y obtuvo tanto respaldo que mal persuadió al país (sin querer), para que votáramos por Juan Manuel Santos; quien luego se convirtió en el peor gobernante de Colombia y traicionó a su mentor en aras de entregarle el Establecimiento y la agenda, al terrorismo basado en una falsa paz, con el fin de obtener un inmerecido reconocimiento desde Oslo, Noruega.

Otra muestra, es que por insinuación de Uribe, llevamos al hoy presidente Iván Duque, al Solio de Bolívar.

Uribe acudirá al llamado de la Corte, consabido que por lo que se le acusa, fue un revés que él mismo “orquestó” al solicitarle a ese mismo tribunal que se investigara al senador Iván Cepeda Castro, por manipulación de testigos. Cepeda, un habilidoso hombre sin escrúpulos, que se ha paseado por todas las cárceles del país comprando falsos testigos contra Álvaro Uribe, logró convencer a los Magistrados, para que esa solicitud de Uribe, se le devolviera sin limitantes y sin miramientos de su condición de expresidente, y lo logró con oscura complicidad.

Las marchas que hoy se efectúan en diferentes ciudades de Colombia, y las convocadas para el venidero martes, cumplirán su objetivo cual es apoyar al exmandatario Álvaro Uribe, pero se equivocan quienes piensan que esas mismas manifestaciones lograrán cambiar el rumbo de la determinación de los jueces de Uribe; determinación que uno ingenuamente pensaría que se daría en derecho, y no en lo político.

Aquí lo triste, y como ya lo advirtió en su momento la periodista Vicky Dávila, será la Corte la que determine (a su conveniencia), cual es el verdadero Uribe, el héroe o el villano.

El país y el mundo estamos expectantes sobre lo que pueda suceder, aun cuando para ellos (los togados) ya las cartas están echadas, nada cambiara en estas próximas horas, el entramado que tiene la justicia y los ultra enemigos de Uribe, para perjudicar al exmandatario.

Esperemos a que se abra el telón.

*Asesor y consultor

@Grajalesluise

domingo, 22 de septiembre de 2019

"Quienes consumaron el ataque, tenían pleno conocimiento, donde estaba ubicada mi habitación; la que siempre acostumbraba compartir con mi hermosa matrona".


A 16 años de un atentado

Por Emerson Grajales Usma*


Terminaba otro atardecer a mediados de junio de 2003, cuando ingresaba a mi residencia en la ciudad de Pereira, y luego de cerrar la puerta principal, el teléfono fijo repicaba. Levanté la bocina y una voz masculina me hablo solo para decirme: “Te vamos hacer tragar esas columnas gran hijueputa” de inmediato colgó.

Yo tenía una columna en el diario local La Tarde y otra en El Tiempo/café. Escribía sobre diferentes temas de interés regional y nacional. Por aquellas calendas, el grupo terrorista de las Farc, delinquía en limítrofes de Risaralda y Chocó. También, al occidente de Risaralda existía una débil columna del EPL.

Siempre mis escritos en los últimos días, iban dirigidos a que no se permitieran diálogos regionales con los grupos criminales, como lo había planteado el entonces presidente Andrés Pastrana y cuya propuesta se la “heredó” al gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

En agosto del mismo año (2003), me encontraba en Bogotá cumpliendo temas propios de mi actividad pública, cuando me llegó al mismo domicilio en Risaralda, una segunda amenaza, esta vez fue por escrito y la receptora fue mi Madre. Un sufragio donde se invitaba a mis honras fúnebres. Como vi que luego de la primera amenaza telefónica no había pasado a mayores, a esta segunda opté por  mostrarme igualmente indiferente.

Ya había pasado más de un mes de la segunda amenaza, cuando me encontraba celebrando el día del amor y la amistad el 20 de septiembre de ese año, con unos amigos en un reconocido sitio nocturno de Pereira, ubicado en un céntrico sector y a pocas cuadras de mi residencia donde se hallaban mi Madre y mi hermano Javier el mayor de la familia, quien había llegado de Bogotá, su lugar de permanencia para compartir la celebración al lado de nuestra progenitora.

A las 2.24 a.m de ese 21 de septiembre; el silencio prologando propio de la noche, se vio irrumpido por la fuerte detonación de una bomba que tuvo como blanco mortal, mi casa.

Quienes consumaron el ataque, tenían pleno conocimiento, donde estaba ubicada mi habitación; la que siempre acostumbraba compartir con mi hermosa matrona. Precisamente en mi lecho, se encontraba aquella fatídica noche descansando mi hermano Javier, con tan mala suerte, que sufrió directamente el impacto de las esquirlas, lo que le costó la vida de inmediato.

Precisamente este sábado 21 de septiembre, ya mi hermano cumplió injustamente 16 años de su asesinato, un crimen que nunca debió llegar y del que por fortuna mi ascendiente salió ilesa.

Un atentado, que pesé a existir todas las pruebas, la justicia se ha negado (…y se negó) a esclarecer los hechos y a capturar a sus autores tanto materiales como intelectuales. Nosotros, como familia colombiana, no solo fuimos víctimas del narcoterrorismo, también del estado a través de la impunidad.

La irreparable muerte de Javier, solo sirvió para que engrose el número de personas a los que la parca les llega sin que los jueces de la República arrojen el más mínimo resultado.

Hoy, las amenazas se han extendido a todo un país que vemos en la justicia un aliado pero no precisamente de quienes padecemos las amenazas, sino, de los verdugos que han encontrado amparo en la justicia.  

*Asesor y consultor

@Grajalesluise

martes, 27 de agosto de 2019

"Uribe, se dedicó a combatir los grupos armados fiel a la Constitución y la Ley"



Álvaro Uribe, una vida al servicio del país

Por Emerson Grajales Usma*


No necesariamente tenemos que estar al lado del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, para describir lo que es como persona y lo que ha hecho por un país que tristemente se divide entre quienes agradecemos sus incansables tareas y quienes se resisten a reconocer su grandeza como respuesta a una elevada dosis de ingratitud.

Uribe, empezó su vida pública al servicio del colectivo a muy corta edad. A sus 30 años, fue nombrado Alcalde de Medellín por el entonces Presidente de la República Belisario Betancourt Cuartas. A sus 34 años, ya había sido elegido Concejal de la capital antioqueña. En 1986, fue elegido senador y obtuvo en 1990, su reelección en el congreso hasta 1994. En 1995, se posesionó como gobernador de Antioquia, donde obtuvo grandes logros para la región.

En el año 2000, inició un periplo por todo el país, donde le reconocieron en cada municipio a donde llegaba, su destacada gestión en la gobernación de su departamento.
En el año 2002, fue elegido por los colombianos presidente de la República, con un total de 5 millones 862 mil 655 votos; lo que le permitió ganar en primera vuelta.

Durante ese cuatrienio, Uribe, se dedicó a combatir los grupos armados fiel a la Constitución y la Ley. Las mal llamadas pescas milagrosas, se habían convertido por aquellas calendas, en el modus operandi de la agrupación criminal de las Farc, logrando el secuestro de decenas de inocentes en diferentes vías del país. Esta práctica, fue llevada por el gobierno del exgobernador de Antioquia, a la más mínima expresión.

Tampoco el entonces Presidente Álvaro Uribe, desconoció la actividad criminal del paramilitarismo, grupo que nació como contestatario de las guerrillas que tenían azotadas muchas zonas del país, con más énfasis en las ganaderas y cafeteras. Estos grupos llamados Autodefensas Unidas de Colombia-AUC-, se convirtieron en una constante obsesión del gobierno nacional para combatirlos hasta el punto que luego de unos acuerdos con esos grupos, sus criminales incumplieron y de inmediato el Presidente Uribe determinó con valor y coraje en extraditarlos a los Estados Unidos.

El entonces Mandatario Uribe, entendió que necesitaba de otro periodo para seguir sin tregua su indeclinable tarea de seguir combatiendo el crimen organizado.

Los colombianos entendimos a la perfección y fue así como lo apoyamos a través de las urnas para que en 2006, se convirtiera en el gobernante reelegido para que siguiera batallando contra las organizaciones narco terroristas.

Uribe, guiado por el “rostro amigable, fiel y prometedor” de su Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, se dejó engañar y nos mal persuadió para que votáramos por quien luego de su posesión, mostrara su ponzoña y traición, y le entregara la institucionalidad al crimen organizado.

Uribe, no se quedó inmóvil y puso su nombre a consideración de los colombianos para que fuera apuntalado a una curul en el senado. De allí, libró una batalla para recuperar el Estado y en una convención en franca lid, Oscar Iván Zuluaga, se convirtió en el candidato oficial del Centro Democrático, movimiento creado por el expresidente Álvaro Uribe, y en primera vuelta ganó no con menos de 500 mil votos. Pero esas justas, fueron despojadas de frente y sin escrúpulos por el entonces gobernante Juan Manuel Santos, quien avalado por dineros sucios de Odebrecht, se reeligió.

Uribe, gran batallador, siguió sirviéndole al país desde el Legislativo y señaló el camino para que ilustres del Partido Centro Democrático, buscaran  que uno de ellos, fuera ungido como candidato a la presidencia y de unas precandidaturas de los movimientos Conservador y del uribista, el Senador Iván Duque, logró izar la bandera que efectivamente lo llevó al Solio de Bolívar.

Aun cuando el daño que Santos le dejó al país ya estaba hecho, Duque no ha guardado esfuerzos para que se replanteen los acuerdos que amañadamente Santos adelantó con las Farc, y que más han beneficiado a los terroristas que lo que los ha castigado y menos han reparado a las víctimas.

A estas alturas, cuando el Senador Uribe, lleva tantos años sirviéndole al país y que le ha costado su forzado aislamiento de su esposa, de sus hijos y ahora de sus nietos; su vida dio un fuerte viraje y ahora ha conseguido un cumulo de enemigos y detractores, que como agradecimiento de su entrega al país, solo buscan verlo en el entramado de la justicia, mientras los verdaderos narco criminales siguen vigentes en la calle o exhiben cínicamente una desteñida credencial como congresistas.

Y Uribe, ahí, entregando su vida al servicio del país de manera estéril para unos, y gratamente útil, para quienes estamos alejados de amiguismos y actos criminales.

*Asesor y consultor
@Grajalesluise

lunes, 19 de agosto de 2019

"A Galán lo mataron por denunciar el poder corruptor del narcotráfico y por enfrentarlo con verticalidad en todos los frentes de la vida nacional, empezando por la política"


¿Sacrificio estéril? 30 años después...

 Por Juan Lozano*

La política colombiana está peor que hace 30 años. Y la justicia. Y el narcotráfico. Cuánto hubiera querido escribir hoy sobre cómo el sacrificio de Galán le permitió a Colombia adquirir conciencia sobre los grandes males que la afligen y sobre cómo sus ideas han sido el motor de las transformaciones para que los colombianos vivamos mejor. Pero mentiría. Eso no pasó.
Lo que pasó fue que desde su propia muerte, mientras muchos de los antiguos mandamases del Nuevo Liberalismo se combatían unos a otros por los votos de Galán, olvidando tantos de ellos que habían heredado responsabilidades y no caudas electorales, la Asamblea Constituyente convocada sobre el cadáver fresco de Galán pisoteó su legado hasta prohibir la extradición, como lo querían sus asesinos, y tonificar una dañina clase política.

Y aunque sería necio negar importantes contribuciones de la Constituyente, como la ampliación de la carta de derechos y la consagración de la tutela, la vieja clase política, primero revocada y luego redimida y repotenciada mediante oscuro pacto, se apoderó del desarrollo de la nueva constitución hasta diseñar a lo largo de estos 30 años el perverso sistema que nos rige, en el que el Estado es un botín y la política, un instrumento criminal para lograrlo en un país que nada en océanos de coca.

A Galán lo mataron por denunciar el poder corruptor del narcotráfico y por enfrentarlo con verticalidad en todos los frentes de la vida nacional, empezando por la política. Y quienes lo mataron se salieron con la suya en lo que tiene que ver con la prosperidad del narco, combustible de todas nuestras violencias, de los carteles de todo pelambre, de los paramilitares, de las ‘bacrim’ y de las Farc, entre otras guerrillas y grupos armados.

Más recientemente, después del 8.000, la ‘farcpolítica’, la ‘parapolítica’ y los escándalos de la financiación de la campaña de 2014, el proceso de negociación con las Farc se estructuró tapándose los ojos y garantizando impunidad frente a dos realidades inocultables: los crímenes de lesa humanidad asociados con el abuso, violación y reclutamiento sistemático de menores, por una parte, y la condición estructural narcotraficante de las Farc, por la otra. El Gobierno no negoció solo con una guerrilla idealista y angelical. Negoció con un siniestro cartel.

No todo está perdido. Hay esperanza. Y la hay porque las traicionadas ideas de Galán siguen conservando su vigencia. El grueso de los colombianos está entendiendo que una narconación no tiene futuro y que a los criminales hay que enfrentarlos, así muchos se hayan burlado o se estén burlando de la justicia. La gente del común, más empoderada, está hastiada de tanto bandido de cuello blanco.

Y hay esperanza porque, a pesar de las críticas y los ataques, tenemos un presidente honesto, un contralor y un procurador que no están cooptados por los carteles y una determinación creciente entre los colombianos (que aún no saben cómo traducirla en acciones) para impulsar unos cambios profundos que permitan devolver la virtud a la política de la mano con su capacidad para interpretar cabalmente al pueblo y anteponer el bienestar colectivo a cualquier empeño personal de lucrarse del poder.

Si hoy terminara la historia, yo concluiría que el sacrificio de Luis Carlos Galán fue estéril y diría que casi todo se perdió, recordando con horror la tragedia que vivimos quienes estuvimos en la plaza de Soacha y el infierno que viví en el hospital de Bosa desde cuando lo bajamos de su carro clamando al cielo por un milagro.

Pero la historia no termina hoy. Por el contrario. Debemos mirar con esperanza un futuro mejor porque las enseñanzas y el legado de Galán están vivos. Lo que tenemos como sociedad es una formidable tarea pendiente.

Bien lo dijo Galán: “A los hombres los pueden eliminar, pero a sus ideas no”.

domingo, 18 de agosto de 2019

Por considerarla de sumo interés para el país, hemos tomado esta columna de Vicky Dávila, de la Revista Semana, para replicarla en nuestro portal.


Santos impune

Por Vicky Dávila H.

Le pido al expresidente Juan Manuel Santos que se deje investigar por los dineros de Odebrecht que entraron a sus dos campañas en 2010 y 2014; le pido que no dilate ni obstaculice las indagaciones en su contra, como lo ha hecho hasta ahora. Nada más indigno para un nobel de paz que salir “inocente” por prescripción. 

Pero a eso le ha jugado Santos. Así se salvó de responder por los 400.000 dólares que pagó la multinacional de los sobornos en afiches para su primera elección, a pesar de la confesión de Roberto Prieto, hoy preso por otros delitos y su mano derecha en elecciones. Ahora la defensa de Santos, el abogado Alfonso Portela, con el mismo argumento de la prescripción pretende que su cliente vuelva a salir bien librado de las investigaciones que inició el Consejo Nacional Electoral por lo ocurrido con la financiación de la segunda vuelta de su reelección.

Aliados y contradictores políticos de Santos lo describen como un jugador de póker hábil que mueve sus fichas con audacia y frialdad. Así lo ha hecho en el caso Odebrecht: su primera jugada fue la llegada de Néstor Humberto Martínez a la Fiscalía General de la Nación, una garantía de que el escándalo jamás llegaría hasta él. Aunque Martínez reconoció que los dineros de la empresa brasileña entraron a las campañas presidenciales, se lavó las manos cuando trasladó el expediente al CNE, donde la impunidad estaba garantizada. Allí, bajo el mando de Alex Vega, Santos logró que le archivaran todo. Por cierto, Prieto solía llamar a Vega “mi presidente”, como consta en las interceptaciones que están en su expediente.

La Fiscalía de Martínez tampoco investigó a fondo la relación entre los sobornos de Odebrecht y sus millonarios aportes a las campañas. El mejor seguro para Santos fue que Martínez tenía que cuidar su propio pellejo. 

Las interceptaciones de la Fiscalía a Prieto que revelé en esta columna asimismo demuestran que otra jugada de Santos fue mantener bajo control y vigilancia las versiones de los brasileños mediante un correo humano entre Roberto Prieto y el lobbista de Odebrecht Eduardo Zambrano. La única condición de los directivos de la multinacional era que los “trataran bien”, y Santos les cumplió, como lo prueban sus conversaciones con Luis Fernando Andrade de la ANI en enero y febrero de 2017, en las que quedó al descubierto que siempre buscó una solución “amigable” para el consorcio de  la Ruta del Sol II, nunca la caducidad, que era lo conveniente. Los brasileños también cumplieron y ajustaron sus relatos. La Fiscalía claramente los consintió; ninguno está preso en Colombia y pudieron salir del país. 

Mi columna ‘Operación destrucción’ revela que hay indicios muy fuertes de que hubo alteraciones en la contabilidad de las campañas de Santos; lo hicieron, como dijo la cónsul Aracely Rojas, “gancho por gancho” en un salón del norte de Bogotá. Santos, en una jugada maestra, evitó las investigaciones por estos hechos.  

Las jugadas de Santos han cubierto todos los frentes: cuando el Ñoño Elías quiso hablar sobre los dineros de Odebrecht en la reelección, el Gobierno Santos lo trasladó de celda, una violenta advertencia para el testigo que no ha podido contar lo que sabe porque la Corte Suprema de Justicia, muy afín con Santos, definitivamente no lo citó a declarar.

Mi columna ‘Operación destrucción’ revela que hay indicios muy fuertes de que hubo alteraciones en la contabilidad de las campañas de Santos; lo hicieron, como dijo la cónsul Aracely Rojas, “gancho por gancho” en un salón del norte de Bogotá. Santos, en una jugada maestra, evitó las investigaciones por estos hechos.  

Las jugadas de Santos han cubierto todos los frentes: cuando el Ñoño Elías quiso hablar sobre los dineros de Odebrecht en la reelección, el Gobierno Santos lo trasladó de celda, una violenta advertencia para el testigo que no ha podido contar lo que sabe porque la Corte Suprema de Justicia, muy afín con Santos, definitivamente no lo citó a declarar.

La única jugada que le salió mal al expresidente y que no pudo controlar fue la carta de Uribe y Pastrana en la que denunciaron que Odebrecht consignó en la empresa Gistic 3.850 millones de pesos que, según Andrés San Miguel, le entregó en efectivo a Esteban Moreno para la segunda vuelta de la reelección de Santos. ¿Quiénes son los verdaderos cerebros de esta operación?

Hace unas semanas, en La W a las 12:00 revelamos el explosivo testimonio de San Miguel, que estuvo engavetado desde junio de 2018 en los escritorios de los fiscales. La compulsa al CNE solo se hizo en marzo de este año, cuando había estallado el escándalo que llevó a nombrar a Eduardo Cifuentes como fiscal ad hoc. Tras nuestra publicación, el CNE abrió investigación preliminar por irregularidades en la financiación en la segunda vuelta de la reelección de Santos.

Mientras tanto, en el momento en que la Comisión de Acusación por fin empezó a mover las investigaciones sobre Odebrecht y la campaña Santos, el expresidente las paró en seco; recusó al representante investigador Ricardo Ferro para sacarlo del camino por ser su “enemigo” político. Pero Santos se aseguró con Jhon Jairo Cárdenas, su admirador furibundo, quien llegó como presidente de la comisión y sin vergüenza se autonombró investigador de su ídolo. Cárdenas ya fue recusado por la senadora Paola Holguín por su estrecha amistad con el expresidente. En la comisión se vive una verdadera pugna política que solo favorece la impunidad de Santos.

El silencio de muchos de los amigos del expresidente en los medios ha sido fundamental para que las investigaciones en su contra no avancen, porque en Colombia solo es políticamente correcto denunciar a Álvaro Uribe, quien como cualquier colombiano debe responder si tiene pendientes con la justicia. Pero Santos también, ¿quién dijo que con el Nobel de Paz el expresidente adquirió inmunidad judicial vitalicia? No, para el mundo sería impresentable un nobel impune, un Santos impune que esté por encima de la ley. ¿Para cuándo el conteo de los indignados en Twitter para que aceleren las investigaciones contra Santos?

miércoles, 7 de agosto de 2019

"365 días del gobierno de Iván Duque, donde lo que ha buscado es “subsanar” una herencia maldita que Juan Manuel Santos le dejó, partiendo de un proceso de paz amañado y mal concebido gracias a un afán nefasto por obtener una presea que hoy todos, hasta los oferentes, saben que fue inmerecida"


Nos quedan tres años de esperanzas

Por Emerson Grajales Usma*


Comienzo por decir que cualquier gobernante de Colombia, muy a pesar de tener buenas intenciones a su llegada a la casa de Nariño, los múltiples escenarios negativos como la economía, el empleo y los variados sindicatos en los sectores del Estado como la salud y la educación; y la volátil actividad criminal, en especial de los grupos organizados como las disidencias de las Farc y las permanentes actividades de grupos criminales contestatarios de estos; bloquean las promesas de los Mandatarios al momento de intentar actuar.

En el caso específico del actual gobierno de Iván Duque, el panorama es bien complejo. Y es bien complejo no porque lo rodee alguna incapacidad en lo personal, sino por dos factores que han resquebrajado de alguna manera su gestión y que el mismo Mandatario no había logrado percibir como la insospechada herencia de su antecesor Santos y la migración de venezolanos que hoy llega a los 1.5 millones.

Pese a que el presidente Duque, tiene una inmejorable capacidad y conocimiento sobre los temas económicos, los espacios no han sido los mejores a la hora de aplicar su política de la economía naranja, una de sus banderas más subrayada durante su campaña. Aunque no podemos desconocer que el país va por muy buen camino, en este aspecto.

Lamentable si, que por su constante negativa de no ceder un centímetro en la llamada “mermelada”, las relaciones con el Legislativo no colman sus expectativas  pese a tener una de las mejores cartas en el gobierno como lo es la Ministra del Interior Nancy Patricia Gutiérrez, quien conoce al dedillo el actuar de ese órgano; no obstante fue una de las mejores congresistas en su momento.

En el plano de las relaciones internacionales, considero que no podrían ser superiores. El presidente Duque, tiene a uno de los más diplomáticos y mejores relacionistas públicos como lo es el actual Canciller Carlos Holmes Trujillo. La vasta experiencia del Ministro, ha logrado posicionar al nuestro, como un país que sobre sale en los más insospechados escenarios internacionales. Sus copiosos viajes trasfronterizos, que son mirados como impopulares, le ha permitido al Jefe de Estado, adelantar fructíferas relaciones con gobiernos que hoy, luego de las cumbres, son importantes para nuestro país en temas de economía y para nuestro desarrollo.

Conociendo como conozco al presidente Iván Duque, las cifras de las encuestas que hablan de su imagen de favorabilidad, no le preocupan. El Mandatario sabe que cada segundo de su gobierno busca hacer bien las cosas y que en tal medida, su propio balance se robustece. También conoce a la perfección, que muchas de sus medidas por muy impopulares que estas sean, son necesarias para el país.

En los últimos 8 años al inicio de su gestión, Duque encontró una tasa de desempleo con niveles difíciles de controlar y que sumados a la desbordada presencia de venezolanos, ha venido aumentando ante la demanda de empleo con bajos costos para los empleadores. Hoy, el panorama es bien difícil. Un colombiano trabaja por un salario mínimo, mientras un inmigrante del vecino país, lo hace por mucho menos costos.

Son 365 días del gobierno de Iván Duque, donde lo que ha buscado es “subsanar” una herencia maldita que Juan Manuel Santos le dejó, partiendo de un proceso de paz amañado y mal concebido gracias a un afán nefasto por obtener una presea que hoy todos, hasta los oferentes, saben que fue inmerecida.

Siempre ha sido costumbre, que el gobernante de turno, dedique su primer año a “enmendar” los daños que su antecesor dejó con amplio trecho y que los restantes tres años, muestren los resultados de su programa de gobierno presentado durante su campaña al país.

A eso le está apuntado Iván Duque. Sabemos que no es fácil gobernar en un país donde los apetitos “politiqueros” abundan, en especial en la izquierda, que hoy se encuentra profundamente dividida ante las ganas de llegar a la Alcaldía del Distrito de Bogotá.
Las esperanzas de los colombianos están latentes, y el gobierno tiene un reto, como lo es colmar las expectativas de un pueblo que le apuntó a un cambio y no a un continuismo que degenere las ganas de seguir viviendo con dignidad en nuestro país.

Nos quedan pues, tres años de esperanzas.

*Asesor y consultor

@Grajalesluise

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